Lectura y
adolescencia no siempre mantienen una buena relación. De hecho,
es una etapa marcada por los cambios fisiológicos, la creciente
autonomía, el espíritu crítico, el interés por el entorno y la
búsqueda de modelos en la construcción de la propia identidad.
En esta fase se suele hablar de crisis lectora, sobre todo si se
compara con la relativa sencillez con la que en las etapas
anteriores de la infancia se despierta el gusto por la lectura.
Es entonces cuando más se precisa una buena orientación que
anime a los jóvenes a materializar sus intereses lectores.
Encontrar el libro adecuado que ayude a sobrellevar las
circunstancias especiales en que se ven inmersos los
adolescentes constituye uno de los puntos de partida más
efectivos para engancharlos a los libros.
Se trata de una tarea difícil si previamente no se ha adquirido
el hábito lector, pero no imposible. Hay quienes descubren
entonces la lectura, como sucede con otros aspectos de su vida,
cuando la búsqueda de respuestas a los problemas existenciales
incita a la soledad y a la reflexión. Así que nunca es tarde
para animar a leer, desde casa o desde las aulas a los
adolescentes. Siempre existe la posibilidad de llegar a ellos
partiendo, sobre todo, de sus motivaciones afectivas.
Durante estos años, claramente marcados por el ambiente, las
rebeliones, las crisis, las transformaciones y los sentimientos
encontrados, les atraen libros en los que verse reflejados en
alguna medida, aquellos que les hacen soñar despiertos, en
especial los de corte intimista, que cuentan historias de la
“vida real”, de temática social, de acción, de misterio, los
ambientados en otras épocas o sobre otras culturas, de
ciencia-ficción…, y aquellos sobre temas actuales y conflictos
psicológicos que implican a protagonistas adolescentes con cuyos
problemas e inquietudes se sienten identificados. Es lo que se
llama la etapa “múltiple”.
La estructura narrativa de estas obras es más compleja que la de
etapas anteriores y se acerca más a la de los adultos. La
ilustración es un elemento claramente prescindible, pero siguen
teniendo importancia el diseño y el atractivo de la portada.
Aunque en la adolescencia el despertar de la afición por la
lectura suele depender más de la influencia del profesor y de la
práctica educativa, restringirlo sólo a ese ámbito puede
conducir al fracaso. De cualquier manera, se debe partir de la
motivación por el contagio, enfocando las lecturas como una
actividad placentera, lúdica, amena. El entusiasmo que muestra
quien ama los libros al hablar de ellos es una de las recetas
más efectivas. El acto de leer no debe estar precedido por la
imposición. Todo lector tiene derecho a leer lo que más le
guste, a dejar el libro a medias, a empezar por el final, a
criticarlo o a no leerlo si no lo desea.
En la elección adecuada está el verdadero secreto, quizá la
tarea más decisiva, en la que padres y educadores deben
intervenir. Elegir los mejores libros, los más populares, y
sencillos, los que no han perdido interés a lo largo de los
años, los que no aburren, los que no pesan, los más originales,
los más próximos, los que tratan problemas de la vida real que
pueden sucederle a cualquiera… No existen soluciones, lectoras o
vitales, válidas para todos; cada adolescente tiene sus propios
intereses y la suficiente capacidad crítica para elegir y
valorar sus propias lecturas. Sin embargo, es importante no
dejar al niño o al adolescente solo ante lo leído, sobre todo
cuando hay problemas de comprensión. Crear sistemas de lectura
paralelos, discutiendo, comentando, transformando los libros…,
hace de su lectura una experiencia compartida mucho más
enriquecedora.
Cabe recordar a Gianni Rodari : "Nunca se debe ordenar leer un
libro a nadie. Lo mejor es sugerir, mostrar, indicar, aquellos
libros que nos parecen los mejores, para que nuestros hijos y
alumnos se diviertan y aprendan". El alejamiento de los jóvenes
de la lectura puede deberse a que nunca han encontrado lo que
realmente buscaban.