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LA ALIMENTACIÓN A PARTIR DE LOS 60 ( DIETAS SANAS)
La
esperanza de vida es hoy mayor que nunca. Pero tan importante
resulta sumar vida a los años como años a la vida. ¿Cómo podemos
conseguir no sólo vivir más tiempo, sino además gozar de buena salud
con la edad? Los últimos estudios sobre las relaciones entre
nutrición y longevidad ofrecen algunas pistas. Con el
transcurso del tiempo, se producen un sinfín de cambios físicos,
mentales, sociales y del entorno. Los problemas fisiológicos
derivados de la edad suelen estar relacionados con la ingesta
insuficiente de alimentos. Surgen, por ejemplo, trastornos
digestivos, una pérdida progresiva de los sentidos del olfato y el
gusto, y el deterioro de las funciones cognitivas.
Las enfermedades crónicas y las disfunciones, tales como la
artritis, la
hipertensión, el derrame cerebral, las insuficiencias cardiacas
y respiratorias, la diabetes, el
cáncer y la
osteoporosis pueden afectar la calidad de vida de la población
más longeva. La influencia que la
nutrición ejerce sobre el desarrollo, las repercusiones de esas
dolencias y la propensión a padecerlas resulta cada vez más
evidente. Cuidar la alimentación para prevenir enfermedades
Según Christine Williams, Profesora de
Nutrición Humana de la Cátedra Hugh Sinclair de la Universidad
de Reading, Reino Unido, ”cuanto más se prolongue nuestra
esperanza de vida, más deberemos encauzar la definición de las
necesidades alimentarias hacia la prevención de las enfermedades
crónicas”.
Para Willians, hasta ahora no se ha prestado la debida atención a la
nutrición en lo relativo al cuidado intensivo de los pacientes
de más edad; ”habría hay que profundizar las investigaciones
sobre las necesidades alimentarias, tanto puntuales como
definitivas, de los ancianos”.
La alimentación adecuada, que desempeña un papel importante en la
preservación de la salud y el bienestar, empieza por una dieta sana
durante la juventud y la edad adulta. También favorece la capacidad
de restablecimiento después de las enfermedades de las personas más
maduras. La malnutrición de las personas mayores, ya vivan en sus
hogares, en una residencia para la tercera edad o estén
hospitalizadas, incide en el incremento de la tasa de mortalidad, la
propensión a las infecciones y la merma de la calidad de vida.
A cada edad, una cantidad
Todos necesitamos los mismos nutrientes, independientemente de
nuestra edad, pero los cambios fisiológicos que sufrimos al
envejecer determinan la cantidad de cada nutriente que el organismo
requiere.
Se da por sentado que, con la edad, las necesidades energéticas
disminuyen y que se tiende a perder el apetito. Al mejorar la
ingesta alimentaria, se aumenta el aporte nutritivo, lo que influye
positivamente en las reacciones inmunológicas y, también en el
estado de ánimo y la sensación de bienestar de las personas.
Entre las deficiencias de nutrientes específicos más comunes cabe
mencionar las de las vitaminas B6 y B12, los compuestos derivados
del ácido fólico, la vitamina D y el
calcio. El paso de los años también acarrea una peor asimilación
de nutrientes esenciales, como por ejemplo, la disminución de la
capacidad de sintetizar la vitamina D en la piel y la capacidad
intestinal de absorber los nutrientes. Sustancias beneficiosas
Se atribuyen propiedades benéficas a los antioxidantes, como las
vitaminas C y E, así como a otras sustancias presentes en la
fruta y la verdura; en particular, la de reducir el riesgo de
contraer ciertos tipos de
cáncer. Las personas de edad más avanzada pueden requerir un
aporte mayor de ciertos nutrientes, y la importancia de procurar
unos cuidados alimentarios adecuados a quienes padecen enfermedades
agudas o crónicas, aumenta a medida que el número de ancianos es
mayor.
Las complicaciones surgen a menudo debido a que en los diagnósticos
de los ancianos no se tiene en cuenta la desnutrición, ni se emplean
los medios de detección y evaluación homologados. Por otra parte, es
muy frecuente que los pacientes que ingresan en el hospital estén
mal alimentados y que éste estado empeore durante la
hospitalización. Es necesario mejorar los cuidados a los mayores y
facilitarles las medidas de
nutrición apropiadas para acelerar la recuperación y reducir los
costes sanitarios.
Los próximos adelantos de la ciencia y la medicina no se limitarán a
prolongar la vida, sino que tratarán además de reducir el tiempo de
enfermedad o convalecencia de la población. Envejecer de forma sana
no resulta fácil para quienes carecen de un hogar digno o viven en
la pobreza, pero llevar una dieta sana, hacer algo de ejercicio y
evitar el
tabaco permitiría a todos aprovechar sus energías y disfrutar de
una salud de hierro. |