Muchas veces queremos regalar algo que
dure toda la vida, que sea un recuerdo positivo y original.
Seguramente nunca nos hemos planteado la idea de regalar un árbol
, pero de
Bosques naturales ha surgido esta
idea.
- Regalar un ser vivo y joven.
- Lo puedes ver y tocar durante 20 años, visitando la finca donde
esta plantado, situado en parajes maravillosos.
- El que recibe el regalo, además de tener el documento jurídico
que le otorga la propiedad del mismo, recibe copia de un vistoso y
decorativo título diseñado por Antonio Mingote, enmarcado en
madera y cristal para que lo pueda exhibir en su casa o despacho,
siendo un punto singular de referencia para invitados y amigos.
- En este título consta el nombre de la persona a la que Vd.,
regalo el árbol, el nombre de la especie y edad del árbol, las
coordenadas de donde está situado, la identificación de la finca y
el sector donde está plantado y creciendo. También figura su
nombre como persona que hizo el regalo.
Las oportunidades de invertir son cada
vez más diversas. A medida que nos alejamos de los mercados
financieros más tradicionales, surgen alternativas curiosas,
sugerentes y, por qué no, rentables.
Invertir en madera es una de ellas. O
mejor dicho, invertir en árboles. Se trata de comprar un conjunto de
árboles(“plantones”) de maderas nobles pero de rápido crecimiento
como la teca, el nogal, el roble o el paraíso (y cuyo valor, por lo
tanto, será muy apreciado) y, al cabo de los años de crecimiento
(entre 16 y 20, se trata de una inversión a largo plazo), venderlos
a la industria maderera obteniendo así el beneficio de la inversión.
De esta forma estaremos obteniendo un rendimiento económico, a la
vez que contribuimos al mantenimiento de los ecosistemas y al
control de las explotaciones madereras.
El mecanismo, por lo tanto, es
sencillo: el inversor compra (por lo tanto, pasan a ser de su
propiedad) los plantones y la empresa se compromete a
proporcionarles los cuidados necesarios durante el periodo de
crecimiento. Asimismo, los árboles están asegurados frente a
posibles riesgos que puedan sufrir (incendios, plagas, etc.).
Llegado el momento de la tala, la empresa se encarga de ello y de
vender el producto resultante en nombre y por cuenta del
propietario, reteniendo un porcentaje entorno al 10% en
compensación.
La evolución prevista de los precios
de las maderas nobles es muy positiva, teniendo en cuenta la escasez
relativa de estos productos, lo que permite augurar (que no
asegurar) un buen precio de venta. Este factor, unido con el volumen
y calidad de producto (que dependerá de la variedad de árbol y de
los cuidados y climatología), serán lo que determine la
rentabilidad.
Aunque, para poder valorar la
rentabilidad, es necesario tener en cuenta también el volumen de la
inversión inicial. Este es quizás uno de los puntos débiles de este
tipo de inversiones: ¿cómo podemos valorar si 3.000 euros es una
inversión buena o mala para comprar un plantón? Salvo que me digan
qué volumen (siempre estimado) de madera podré obtener, y a qué
precio (también estimado) lo podré vender, no tengo elementos de
juicio.
Otro punto a tener en cuenta es la
dificultad de liquidar la inversión antes de tiempo. Pese a que las
empresas que comercializan estos productos se esfuerzan en crear un
mercado secundario para dar salida a quienes quieren abandonar la
inversión antes de llegar al momento de la venta de la madera, no
cabe duda de que se tratará, en el mejor de los casos, de un mercado
con mucha menor liquidez que los mercados financieros.
También hay que valorar el hecho de
que es una inversión a largo plazo que depende de una única empresa,
que generalmente no es una gran corporación. Es decir, que hay que
incorporar el riesgo derivado de que esa empresa permanezca a lo
largo del tiempo, que realice con diligencia sus labores de cuidado
activo de nuestros árboles, etc.
En definitiva, una fórmula atractiva
y “ecológica”, aunque no exenta de riesgos, para invertir nuestros
ahorros. |